jueves, 22 de septiembre de 2016

Roque Dalton

ROQUE DALTON.



Roque Antonio Dalton García (San Salvador, 14 de mayo de 1935-ibíd., 10 de mayo de 1975), nacido Roque Antonio García y mejor conocido como Roque Dalton, fue un poeta, ensayista, periodista, activista político e intelectual salvadoreño. Aunque no recibió un título académico, realizó sus estudios superiores en la Universidad de Chile y la Universidad de El Salvador, en las que estudió Derecho, y también pasó por las aulas de la Universidad Nacional Autónoma de México. En Chile comenzó a estudiar marxismo y cuando retornó a su país se convirtió en un inquieto protagonista de la política local. También se inició en la poesía al integrarse al Círculo Literario Universitario. Para el año 1957 viajó a la Unión Soviética, lo que marcó su militancia política y además se unió al Partido Comunista Salvadoreño. Su intensa actividad sediciosa provocó que cayera preso durante el periodo presidencial de José María Lemus.

Para el año 1961 fue expulsado de El Salvador, por lo que inició su exilio en México, Checoslovaquia, y principalmente en Cuba donde terminó de forjarse como escritor. Se involucró en la vida cultural de este país y también recibió instrucción militar tras la invasión de Bahía Cochinos. Pese a que logró retornar a El Salvador en 1964, terminó preso y fue sometido a interrogatorio por un agente estadounidense de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). En 1969 regresó a Cuba y ganó el Premio de Poesía Casa de las Américas por el libro «Taberna y otros lugares».

Tras partir de Cuba, Dalton decidió involucrarse en la lucha armada en El Salvador, por lo que se integró al Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en 1973. En dicha organización fue protagonista de una seria polémica interna con el líder Alejandro Rivas Mira quien se erigía como un influyente caudillo del grupo armado. Dalton terminó calificado como «revisionista» y la dirección del ERP decidió su ejecución junto a José Armando Arteaga.

Recordado por su vida bohemia y una personalidad jovial e irreverente reflejada en su obra literaria, tenía como su preocupación principal el destino de su propio país, El Salvador; y pese a que era un conocedor de la teoría marxista su obra se caracteriza por ser heterogénea. Se le considera el máximo exponente de la poesía revolucionaria en El Salvador y uno de los literatos más influyentes de este país, así como se encuentra entre los mejores representantes de la poesía latinoamericana. De forma póstuma, ha recibido los reconocimientos de «Hijo Meritísimo» y «Poeta Meritísimo» por parte del estado salvadoreño, y el doctorado honoris causa de la Universidad de El Salvador.

Asesinato.

La pugna entre la corriente militarista del ERP y sus opositores, tuvo como resultado el apresamiento de Dalton y su compañero «Pancho» (José Armando Arteaga) —a quien supuestamente instigó una conducta en «rebeldía»— el día 13 de abril. Se dice que ante la peligrosa situación, Eduardo Sancho y Lil Milagro Ramírez, su compañera de vida en ese tiempo, trataron de convencerle de huir para salvar su vida, pero él se negó, incrédulo, sobre la base de que aún tenía confianza en sus compañeros.
Para el 1 de mayo se escindió la llamada Resistencia Nacional del ERP, lo que provocó que la dirigencia de este grupo ordenara la ejecución de varios de ellos, que al parecer fueron fallidos. En consecuencia, se decidió la ejecución de Dalton y «Pancho», presuntamente el 10 de mayo. La orden partió de Alejandro Rivas Mira. Un comunicado del ERP después del hecho consigna estas palabras: «La ejecución de Dalton desencadenó una furiosa campaña de parte de la “intelectualidad” pequeño burguesa...piensan colocarse ellos como sector a través de la bandera de Dalton, poeta y escritor, ya que es esto lo que vuelve importante su muerte y lo convierte en el héroe cuando la verdad es que fue víctima y hechor de su propia muerte».
Se sabe que se le realizó un juicio sumario en el que Eduardo Sancho fungió como su defensor. Además, se dice que la acusación de pertenecer a la CIA se fundamentó en hechos imprecisos, como un relato del libro «Pobrecito poeta que era yo», en el que Dalton describe su captura y posterior interrogatorio por parte de agentes estadounidenses.
Hasta ese momento, la misma familia de Dalton desconocía su paradero, hasta que en el mes de septiembre un comunicado de Casa de las Américas, a través de Radio Habana, confirmó su muerte. Un periódico salvadoreño recogió esa noticia con esta descripción: «Dalton ingresó con instrucciones de La Habana a la célula salvadoreña, pero aquí (en El Salvador) lo encontraron muy moderado, “revisionista”, “vendido al imperialismo”, “al servicio de la CIA”...Los informantes enfatizaron que los asesinos son maoístas, o cheguevaristas, quienes encontraron al poeta fuera de su línea, y como traidor, cosa inexplicable, concluyeron». En documentos posteriores de la organización guerrillera, se reconoció que el señalamiento de pertenecer a la CIA había sido «un montaje para eliminar a alguien a quien solo podían acusar de ser un intruso y un aventurero. “Un indisciplinado que era perjudicial y dañino para el proceso revolucionario salvadoreño”».
De acuerdo a un informe de la Misión de observadores de las Naciones Unidas en El Salvador (Onusal) Dalton habría sido ejecutado en El Playón, una zona de restos volcánicos del volcán de San Salvador. Su cadáver y el de «Pancho» fueron dejados a la intemperie donde los animales salvajes los devoraron. En contraparte, la familia del poeta ha aseverado que el crimen tuvo lugar en una casa del barrio Santa Anita de San Salvador y posteriormente abandonaron los cuerpos en aquel lugar. Arias Gómez también dejó el testimonio que ambos fueron adormecidos con somníferos y posteriormente asesinados. Hasta el mes de mayo de 1998 la Alcaldía de San Salvador extendió la partida de defunción a los familiares del poeta.
Los involucrados en la decisión de ejecutar al poeta nada han revelado sobre las circunstancias en que se desarrollaron los hechos. Para el mes de mayo de 2010, los hijos de Dalton, Jorge y Juan José, interpusieron una denuncia en contra de dos de los sobrevivientes de la dirigencia del ERP de aquellos años, Jorge Meléndez y Joaquín Villalobos, alegando un crimen de lesa humanidad, cargo que consideraban no era de exclusivo del Estado como sujeto activo. Pero dos años después la demanda fue desestimada por un juzgado de primera instancia y ratificado por un tribunal de apelación, porque se consideró un delito común y por tanto ya prescrito.


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